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Doctor Alfonso Escobar Rojas, Presidente Sala Fundadores
Doctor Luis Carlos Muñoz Uribe, Presidente Consejo Superior
Miembros Sala de Fundadores y Consejo Superior
Directivos de la Universidad
Invitados especiales
Docentes
Padres de familia
Estudiantes
Señores y señores

Nos reunimos esta noche en una ceremonia que forma parte de la más rica tradición del CES, para reafirmar una filosofía institucional de compromiso con la excelencia académica, agradecer a quienes han contribuido a su engrandecimiento y al cumplimiento con altos estándares de calidad de su misión educadora, hacer un reconocimiento a los docentes que ascienden en el escalafón docente y a los que se han destacado por sus aportes a la investigación. Destacaremos ante la comunidad académica a los estudiantes que por sus cualidades humanas y académicas y  su dedicación y esfuerzo, se han hecho merecedores de la mención del honor, que es un reconocimiento a la excelencia y a los que han llevado en alto el nombre de la institución y han demostrado que la integralidad es parte de la formación que han recibido en el CES.

El Acto académico de hoy está signado por importantes reconocimientos. En primer lugar a cinco egresados.  Al Dr. Oscar Álvarez Barrera, médico egresado de la primera promoción del CES quien ha sido un líder comprometido con su Alma Mater logrando sacar adelante un valioso proyecto de movilidad académica de nuestros estudiantes hacia San Antonio (Texas) y buscando siempre nuevas oportunidades para el CES en su proyección internacional y su consolidación como entidad educativa innovadora y emprendedora. Al Dr. Marcos Ignacio Restrepo Montoya quien se ha hecho partícipe de este proyecto y hoy en un embajador del CES buscando fortalecer las posibilidades de pasantía de nuestros estudiantes. Siguiendo los pasos de los Dres. Álvarez y Restrepo, otro egresado el Dr. Esteban Mery Fernández  viene realizando una destacada labor en la promoción del CES y en el apoyo a los estudiantes de intercambio. Igualmente destacaremos a la doctora Ana Paula Vélez Restrepo por su valioso apoyo y dedicación para el trabajo conjunto del CES con la Universidad del Sur de la Florida y al Doctor Álvaro Velasquez Londoño por su apoyo al intercambio de estudiantes en la Universidad de Emory  Otorgaremos el reconocimiento de Profesor Honorario a un académico distinguido, el Dr. Peter H. Buschang quien desde la Universidad de Baylor se ha comprometido  y colaborado con el CES para que pueda cumplir con excelencia su misión educadora e  investigadora y a  la Dra.  Mary Harris directora de Medicina interna y de residentes en san Antonio (Texas) por su apoyo a nuestros estudiantes y egresados. Igual otorgaremos la distinción profesor visitante a los Dres. Carlos Cesare Callegari Valdiserra, Christopher Cooper, Doctor Rob Simmons, Carol Whittaker y Diane Dewar, por su apoyo para las actividades docentes de alta calidad en nuestra institución.   Gracias a todos estos distinguidos académicos, cinco de ellos egresados del CES, nuestra Universidad avanza en su posicionamiento y proyección internacional. Al final reconoceremos a un Fundador, que nos da ejemplo de vitalidad académica y de compromiso con la difusión del conocimiento y cuyo más reciente publicación ha sido reconocida en la Argentina con la distinción al mejor libro científico y académico editado en el 2010.

No  es  posible  una  docencia  y formación de calidad, sin el apoyo de diferentes instituciones como clínicas y hospitales, centros de veterinaria y zootecnia, instituciones del sector agropecuario y de la justicia, centros de investigación en ciencias naturales, empresas y universidades pares y profesionales de diferentes disciplinas que han realizado alianzas estratégicas con el CES, para lograr, a través de la integración docencia - servicio, la excelencia académica en la formación de los profesionales y la prestación de un óptimo servicio en medicina, odontología, medicina veterinaria y zootecnia, psicología, atención prehospitalaria, derecho, fisioterapia y biología.  Para estas instituciones y profesionales va hoy un profundo reconocimiento y  agradecimiento. Todos ustedes y muchas otras instituciones y personas que no han podido estar presente, son artífices del CES y hoy públicamente les damos las gracias.

En el marco de este acto académico central de la vida universitaria, quisiera dejar unas reflexiones sobre cultura y el papel del docente universitario. 

Cultura, es una vieja palabra latina, que significa cultivo.  El adjetivo cultus, culto, también significa cultivo, plantación.  Una persona culta es alguien cultivado, trabajado,  luego, cultura es vida intelectual consciente.

Un educador universitario debe ser, más que nadie, una persona que permanentemente buscar ser culta, es decir, cultivada, porque por vocación y por oficio, él es un cultivador de seres humanos, para que estos logren altos estándares de humanidad.  De ahí, que un educador o es culto o no es educador.  Pero, ¿qué cultiva un educador?  Cultiva las potencialidades de las personas que se le han encomendado, su pasión por el saber, su capacidad de maravillarse y preguntarse por todo aquello que hace parte de la vida, su capacidad crítica, su mentalidad reflexiva, su creatividad.  Educar es cultivar a la persona toda: no solo su cerebro, sino también su corazón, su capacidad de amar, de imaginar, de sentir, de integrarse a la colectividad y de comprometerse con causas nobles de crecimiento colectivo. Un educador iniciado en la cultura entiende que el propósito de la educación va más allá de permitir el acceso al conocimiento y el desarrollo de destrezas, habilidades y actitudes para desempeñarse con competencia en una discipli

Hay que perder la costumbre y dejar de concebir la cultura como saber enciclopédico, en el cual, el ser humano, no se contempla más que bajo la forma de un recipiente que hay que llenar y llenar con datos empíricos, que él tendrá luego que encasillar para poder contestar en un examen o ante un requerimiento externo.  Este conocimiento o educación bancaria, como la denominaba un gran educador brasilero, Paulo Freire, tiene el riesgo de producir desorientados, es decir, seres humanos que se creen superiores al resto de sus congéneres porque han amontonado en su memoria, datos y datos, que liberan en cada ocasión para levantar una barrera con los demás.

La cultura no es enciclopedismo.  Es organización, es disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia,  conquista de niveles superiores de conciencia, por medio de los cuales se llega a comprender el valor histórico que tiene cada uno, su función en la vida y el sentido de la misma. Culto es aquel, que como pedían lo antiguos griegos, es capaz de reconocerse a sí mismo.  El hombre culto, no es prepotente, no es suficiente, al contrario, es consciente de sus propias carencias. Por ello decía bellamente platón en un profundo aforismo que no me canso de repetir en la academia: "la ignorancia no es la carencia, es la llenura". El hombre culto es consciente de sus carencias, el ignorante no.

Para que los educadores universitarios emprendan el tan necesario y difícil cultivo de los jóvenes que ingresan a una institución de educación superior, es necesario, hacer esfuerzos por reclutar a los mejores y por mantener un constante estímulo a su propio proceso de cultivo y por ende mejoramiento personal.  Sin docentes que día a día se cultiven, no tendremos buenos educadores y por ende, egresados formados integralmente. El cultivo como seres humanos, de los cultivadores, se vuelve una labor esencial. Los currículum actualizados son importantes, las modernas pedagogías son importantes, las estructuras académicas flexibles y dinámicas aportan mucho, pero lo fundamental, lo central, es la presencia de docentes cultos que se cultivan permanentemente.

En este cultivo, la universidad tiene un papel que cumplir, apoyar al docente que se cultiva y estimular permanentemente la creación de una cultura del cultivo personal entre sus docentes. Ya lo decía Paulo Freire, nadie puede hacer de los docentes, seres humanos cultos.  No son las inversiones universitarias en cultivo de los docentes lo que hace que estos sean cultos y buenos docentes.  El impulso definitivo viene del interior de cada uno o no vendrá. El docente que espera todo del esfuerzo de la universidad, definitivamente no desea cultivarse. Es cada uno de los docentes, quien a la manera de un buen pintor o de un hábil escultor, debe rematar su propia obra, su propio proyecto docente. Parodiando un centenario adagio: Lo que cada uno de los docentes no es capaz de dar de sí mismo, ninguna universidad lo puede otorgar.  La cultura no es un regalo, es una conquista ardua.

No nos extraña que un atleta se someta a dura y continua disciplina a lo largo de semanas y meses para mejorar en unos segundos una marca,  pero ingenuamente pensamos que llegar a ser culto y más aún cultivador de otros, es cuestión fácil.  Esta labor, la de ser culto y ser docente requiere dedicación a la perfección.  Perfección que debe buscarse no solo en el saber y el discurso, sino en la correspondencia de éste con la vida.  No hay nada más nocivo en materia educativa, que un docente cuya práctica sea la negación del discurso que pronuncia.

Formar personas cultas requiere tiempo, dedicación, compromiso y esfuerzo.  Si, tiempo y esfuerzo son indispensables, pues una persona culta es portadora de un inmenso acervo de la humanidad, es tomar conciencia que somos parte de una milenaria cadena y portadores de una inmensa riqueza cultural que implica esfuerzo, años de trabajo intelectual evidenciado en publicaciones, congresos y productividad académica.  Por ello, ser profesor titular de una universidad de prestigio es la culminación de una carrera académica seria y de ahí que solo pocos lo logren.  El escalafón docente refleja el concepto de educador de la universidad y su ascenso, la conciencia institucional del complejo proceso de hacerse un docente culto y de calidad. Para lograr llegar al nivel más alto del reconocimiento educativo se requiere el desarrollo de la creatividad.  No hay nada más ligado a la docencia que la creatividad propia y el estímulo a la creatividad de los demás. Y la creatividad al igual que la modestia, solo puede nacer del contacto vivo con la tradición cultural, el método científico y la búsqueda permanente del conocimiento y en  últimas de una pequeña aproximación al concepto filosófico de la verdad.  Y la creatividad igual que el saber (indispensables para ser cultos y para educar) se basan en la capacidad de asombrarse y de preguntar.  Un educador es por lo tanto, alguien cultivado en el gusto por preguntarse y en el respeto por las preguntas de los otros, al igual que en la capacidad para despertar esta capacidad en otros: sus alumnos.  Lo anterior implica igualmente una gran capacidad de ser proactivo en un mundo donde lo único permanente es el cambio.

En una historia que da muestras permanentemente de inclinarse hacia la intolerancia y el fanatismo, un educador debe destacarse por lo contrario.  No puede pretender tener la verdad única y mucho menos imponerla por la fuerza, la nota o la potencia de su voz.  Para educar hay que saber bajar la voz y subir los argumentos, a menos que estemos tratando de ahogar a gritos nuestra propia inseguridad.  Hay que cultivarse por lo tanto, en el dialogo, el respeto, la racionalidad, la autocrítica, la convivencia y la capacidad de compartir. Un educador tiene que asumir seriamente su papel de líder cívico, es decir, de ciudadano que asume con responsabilidad una ética civil y trasciende la labor de instructor para pasar a ser un arquetipo de ser humano que los alumnos sientan que vale la pena imitar.

La docencia es una actividad profundamente humana o no es verdadera docencia. Se requiere en la docencia privilegiar la solidaridad y la cooperación para no convertir la educación en un proceso que excluye. Ser ético en la docencia es comportarse como un ser inteligente en la vía de ser culto. El docente en este proceso debe tener ter claro que sabe y qué hacer con lo que sabe. Es estar en capacidad y actitud de reconocer errores, aceptarlos, corregirlos, al igual que tener imaginación para generar ideas, ya que la rutina es una posición poco ética en la educación, pues el ser humano es dinámico, cambiante. Imaginar, soñar, pensar son componentes de la actividad de  un docente universitario.

Por último y como corolario de las anteriores reflexiones, quisiera compartir con todos ustedes el inicio este año de la implementación de nuestro segundo Plan de Desarrollo 2011 – 2020. Este anterior plan (2000 – 2010) fue un hito en la historia del CES, al ser el primer plan formal de desarrollo propuesto por la institución,  a partir de su misión y de la visión de futuro, es decir, de lo que quería ser al terminar la primera década del siglo XXI.


En el contexto del nuevo Plan de desarrollo estamos iniciando nuevos e importantes proyectos como el edificio de bienestar y deportes y el edificio de parqueaderos que va en un 30% de su desarrollo y que esperamos entregar a la comunidad universitaria al inicio del segundo semestre del próximo año, la adecuación  del edificio del Monticello que incrementará la capacidad de aulas docentes y albergará la administración de la universidad, los 20000 metros de nuevo campus adquiridos alrededor de este edificio, que se embellecerán con un trabajo paisajístico para hacer del CES una universidad  en armonía con la naturaleza. En calidad, caminamos hacia la acreditación institucional como una universidad de alta calidad, hacia dos nuevos Doctorados, el doctorado en Epidemiologia y Bioestadistica y el Doctorado en Salud pública y al desarrollo de  nuevas e innovadoras maestrías y especializaciones clínicas. Iniciaremos un nuevo pregrado en administración y un  novedoso pregrado en Bioquímicofarmacología al igual que nuevos pregrados en áreas afines.  En investigación estamos consolidando y acreditando nuevos grupos, desarrollando los centros de investigación como el de salud mental que será líder en el país y las alianzas con importantes empresas para desarrollar proyectos que impacten el desarrollo económico y social del país en una alianza universidad- empresa- Estado que sea una alianza ganadora para todos. La gestión del conocimiento que próximamente propondremos al Consejo Superior como política institucional, será el hilo conductor de todas las actividades de generación, transferencia de conocimiento, innovación y emprendimiento de nuestra Universidad.

La Universidad CES espera seguir recibiendo de todos ustedes y de las instituciones que representan, el apoyo necesario para seguir avanzando en la consolidación de la Academia como pilar fundamental de la universidad, en el fortalecimiento de la investigación como núcleo de reflexión y generación de conocimiento y en el desarrollo de la extensión como proyección institucional hacia un entorno globalizado en un contexto de gestión del conocimiento que es el que primará en la sociedad del siglo XXI.

Termino con una reflexión tomada de una carta de que un prisionero de un campo concentración nazi, A. Novinsky, al salir de esta pesadilla, dirigió a su profesor: “Querido Profesor: Soy un sobreviviente de u campo de concentración. Mis ojos vieron lo que ningún ser humano debería testimoniar: cámaras de gas construidas por ingenieros ilustres, niños envenenados por médicos altamente especializados, recién nacidos asesinados por enfermeras diplomadas, mujeres y bebés quemados por gente formada en escuelas, liceos y universidades.… Por eso, querido profesor, dudo de la educación y le formulo un pedido: ayude a sus estudiantes a volverse humanos. Su esfuerzo, profesor, nunca debe producir monstruos eruditos y cultos, psicópatas y Eichmans educados. Leer y escribir son importantes solamente si están al servicio de hacer a nuestros jóvenes seres más humanos.”   

Muchas gracias por acompañarnos en este simbólico acto y ayudarnos a hacer una docencia de calidad y profundamente humana.

JOSÉ MARÍA MAYA MEJÍA, M.D.

Rector Universidad CES

Medellín, 18 de octubre de 2011

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