Aguafuerte
Para hacer un grabado al aguafuerte, se recubre una plancha de metal con una sustancia protectora con base de cera, resistente a los ácidos. El artista dibuja la imagen sobre la lámina con una punta metálica muy afilada que va eliminando la capa de cera por donde va pasando, dejando un camino líneo sin protección en la lámina. A continuación, se sumerge la lámina en una palangana de peltre con ácido nítrico, que le cubra la superficie. La acción del ácido corroe la zona de metal dibujada, que quedó expuesta. El tiempo de inmersión de la lámina en el ácido, minuciosamente medido, determina la profundidad de la línea en el grabado y la cantidad de tinta que cargará para imprimir en el papel, previamente humedecido éste. De ahí la exigencia de un maestro experimentado para que el grabado quede, en cada fragmento, bien calibrado en cada rasgo o línea y, por ende, el resultado debe quedar una obra maestra.
Grabado al aguatinta
Los grabados al aguatinta surgen en el siglo XVIII, por el empeño de los artistas de recrear en los grabados el efecto de la aguada y de la acuarela. Se desarrolla el proceso antes descrito, pero en algunas zonas amplias se rocía resina y se calienta ésta para que quede adherida. A continuación, se sumerge la lámina en un ácido suave que disuelve la superficie en las zonas cubiertas y una diminuta granulosidad hace que el área amplia quede al imprimir, como una zona de tonos suaves y aterciopelados. Es muy difícil y como ejemplo se puede decir que, entre los grandes artistas de la historia, Goya fue el maestro de la aguatinta.
Punta seca
Similar el proceso al aguafuerte, es bien diferente en el inicio de la obra. Aquí el artista dibuja con un buril parecido a un lápiz, haciendo presión para que la punta rasgue la superficie y quede a ambos lados de la línea el metal rasgado como barbas. Estas barbas retienen mayor cantidad de tinta y dan al trazo de la punta seca un aspecto rico en textura y, al mismo tiempo, aterciopelado, aunque la línea se ve claramente. A primera vista da idea de una plumilla. El proceso final es similar a los descritos.
Litografía
Es el método que no utiliza buriles ni incisiones. Se basa en la incompatibilidad de la grasa y el agua. El artista trabaja con un lápiz grasoso, especial para litografía y dibuja sobre una losa de piedra caliza especial, pesada, cara y difícil de conseguir. El artista de hoy emplea losas de superficie porosa, cuando no encuentra la precisa, como también, láminas de zinc o de aluminio. La piedra caliza es sensible al agua, especialmente en las zonas que no han sido tratadas.
A continuación, se aplica a toda la superficie de la losa una mezcla de ácido nítrico y goma arábiga para que aumente su capacidad de retener la humedad cuando se remoje la piedra. El agua es repelida por la grasa del dibujo, pero es absorbida por la superficie no dibujada. Posteriormente, se pasa por la piedra un rodillo impregnado de tinta grasa que quedará adherida a las zonas engrasadas ya dibujadas y será repelida por las zonas mojadas. La piedra, con un papel encima, es colocada en la prensa y por presión se traslada la imagen al papel.
Hay más procesos para grabado, quizás muy personales, dependiendo del autor que desee alterar o experimentar cambios en los procesos conocidos. Es evidente que un maestro muy versado en las diferentes técnicas, puede lograr efectos formidables y crear su propia huella. Lo cierto es que ante un excelente grabado no se duda de estar ante un maestro de verdad. Este proceso tan antiguo revela con facilidad la falta de conocimientos del artista. Por esto, quien hace buen grabado es un artista excelso. El grabado equivale a la música de cámara, la cual exige grandes conocimientos a quienes la ejercitan.
Bibliografía: Notas personales de Libe de Zulategi.