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La campaña Nutrición en el campo es una iniciativa apoyada por la Universidad CES y la Fundación Aurelio Llano Posada. Se trata de un compromiso por llevar la nutrición a los campesinos como empoderamiento de su trabajo. Allí participan estudiantes de la carrera de Nutrición y Dietética que realizan sus prácticas profesionales en la zona rural de municipios como Támesis, Jericó o Jardín, en Antioquia.

Fue precisamente a Jardín donde llegaron Luz Adriana Gómez Muriel y Daniela Ardila Mendoza, estudiantes de último semestre de Nutrición y Dietética de la Universidad CES, que se propusieron entregarles a los campesinos técnicas nuevas y adecuadas que les permitieran aprovechar más sus cultivos, desde la preparación en la cocina, hasta la forma de higienizarlos para prevenir las enfermedades que llegan a trasmitir.

La campaña no planteaba una tarea era fácil. Ellas debían confrontar conocimientos tradicionales para mostrar nuevas formas de mirar la comida. Se trataba, literalmente, de “meter la cuchara en la olla ajena”, y modificar el “así me enseñaron” o el “siempre lo he preparado de ese modo”, por nuevas posibilidades para aprovechar lo que tenían en la huerta de los campesinos.

Pero lo que podría haber sido un conflicto irreconciliable entre esa eterna lucha de saberes nuevos y viejos, se convirtió en una charla amena en la que las maestras acabaron como alumnas de los campesinos. Ellos les enseñaron sus procesos productivos, qué y cómo cultivaban, y ellas les entregaron conocimientos para apropiarse de los alimentos y enriquecer todo lo que ya hacían.

Lo central en nuestro quehacer fue el alimento producido por el campesino, porque es imposible que el que produce para que otros lo consuman, sea también el que pase situaciones de inseguridad alimentaria. Por eso pensamos la nutrición como empoderamiento de su trabajo. Se trataba de darle valor a lo que hacían porque, por ejemplo, al llegar nos encontramos con familias que cultivaban tomate para venta, pero el de su consumo lo compraban aparte”, explicó Luz Adriana Gómez Muriel.

 

Y eso, ¿con qué se come?

A la pregunta sobre lo que se puede sembrar en las montañas de Jardín, ambas tienen una respuesta unánime: “lo que sea, lo que se siembre crece”. Se trata de una tierra pródiga donde el café convive al lado de una gran riqueza de cultivos como mango, guayaba, cebolla, tomates, zanahoria, y todo lo que pueda crecer.

Por eso es que a la campaña Nutrición en el campo le interesó resolver una de las preguntas a las que se enfrentaba esa abundancia grandiosa, “si tanto hay para comer, ¿por qué siempre comemos lo mismo?”.

A los campesinos de las veredas de Jardín no se les había enseñado sobre la importancia nutricional de lo que cultivan. Estas comunidades venían de un proceso importante para producir, pero era necesario fortalecer el autoconsumo con estrategias para reconocer los alimentos, prepararlos y ponerlos en condiciones para que no les hagan daño”, explicó Daniela Ardila Mendoza.

Adriana Zapata Salazar, subdirectora del programa de Desarrollo Rural de la Fundación Aurelio Llano Posada y profesora de la Facultad de Ciencias de la Nutrición y los Alimentos, detalló que: “De forma directa se beneficiaron alrededor de 150 familias de la Organización de Campesinos Construyendo Futuro y unas 2000 personas lo hicieron de forma indirecta por el programa Desarrollo Rural Integrado con Enfoque Territorial”.

Los testimonios de los beneficiados coincidieron en valorar la importancia del conocimiento brindado por las estudiantes. Destacaron su utilidad en la vida diaria y la oportunidad que les ofrece como salida comercial a los excedentes de sus cosechas, en conservas o pasta.

Nos enseñaron a utilizar todo lo que tenemos en la casa y aprender a comerlo. Porque nosotros a veces cogíamos algo y decíamos que no nos gustaba, pero ahí se vio realmente de qué sirve lo que tenemos en la huerta. Esperamos una próxima oportunidad y replicar todo con nuestros vecinos y con los niños”, dijo Ángela María de la Cruz Méndez, campesina de la vereda Verdún y una de las beneficiadas.Fotografía de tarros de vidrio que contienen conservas de legumbres, mermeladas, entre otros.

Es importante que el campesino se sienta en su ambiente, libre y seguro de ser el mismo, y que los profesionales seamos capaces de adaptarnos a esas realidades e identificar qué necesitan y lo particular en cada población”, agregó Luz Adriana Gómez Muriel.

Para Daniela Ardila la clave de futuros encuentros está en que la academia se interese por poner en concreto sus conocimientos: “Esta es una tarea que todos tenemos para impulsar el desarrollo del campo, construyendo una educación horizontal y reconociendo el saber que estas comunidades ya poseen, con espacios para que manifiesten sus necesidades y sean partícipes de su propio crecimiento”.

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